El Panel de los Leones

“¿Por qué nadie me había enseñado esto antes?” es una pregunta que me he hecho varias veces durante el tiempo que he estudiado Historia del Arte de manera formal. Me he encontrado con obras que me han estremecido tanto, que me siento como una persona diferente cuando logro desprender los ojos de ellas. Estas pinturas dan vueltas en mi cabeza constantemente, cuando lavo los platos, cuando le doy de cenar a mis gatos, cuando apago la luz y me quedo a oscuras.  Una de ellas es el motivo de esta entrada: el Panel de los Leones de la cueva de Chauvet.

Panel de los Leones en la Cueva de Chauvet-Pont-d’Arc, Ardèche, sur de Francia, descubierta en 1994.

La cueva de Chauvet (también conocida como cueva de Chauvet-Pont-d’Arc) se localiza en la región de Ardèche, en el sur de Francia, y fue descubierta en 1994. Hay cientos de grabados y pinturas distribuidos en todos los sectores de la cavidad, incluyendo formas geométricas, huellas de manos y más de 420 representaciones de animales. La edad promedio de las pinturas y los grabados es de 32,000 años y los artistas pertenecieron a la cultura auriñaciense [1], del Paleolítico Superior.

Antes de proceder al análisis formal de la pintura, me gustaría hacer hincapié en el hecho de que se encuentra en una cueva. Los artistas del Paleolítico no tenían un estudio con escritorio, papel y luz de una lámpara, sino que, para realizar sus obras, se aventuraban en un mundo hostil en el que reinaba la oscuridad, el silencio y el frío. Si alguna vez se ha ido la luz en su casa cuando era de noche, y han tenido que ponerse a buscar velas o linternas (puntos extra si se estaban bañando), entenderán que, al menos por unos segundos, el mundo parece tornarse completamente diferente. De pronto, todas las formas que creían conocer se vuelven desconocidas e incluso peligrosas, si un dedo chiquito del pie llega a encontrarse con la pata de una mesa. Hay que extender las manos, tocar las paredes, tocar los muebles, intentar no pisar al gato, encontrar un lugar seguro para poner la velita. Obviamente, la comparación es un poco ridícula, pues el contexto es muy diferente. No estamos en una era glacial, no estamos en una cueva, no estamos siendo perseguidos por un león. Sin embargo, pongo este ejemplo porque la clave está en la luz, o en la falta de ella.

Esta es una imagen de una de las paredes de la cueva, a unos metros del Panel de los Leones.

Así como nosotros prendemos una vela, los hombres del Paleolítico utilizaban el fuego para guiarse en la oscuridad. Así como extendemos los brazos para no tropezarnos con una mesa, los artistas del Paleolítico extendían los brazos y tocaban la roca. Solo imaginen sentir bajo sus dedos las fisuras y grietas de la roca, así como sus protuberancias y diferentes texturas. Imaginen que van avanzando en la cueva, con figuras a su alrededor que van apareciendo y desapareciendo con el movimiento de las llamas. Cuando nosotros vemos la pintura, vemos una imagen fija, la vemos desde afuera. Sin embargo, ellos, con ayuda de la luz parpadeante proyectada por las llamas, las formas sugerentes de la roca, y los efectos del frío extremo y del silencio, se encontraban adentro de la representación. 

Ahora sí: la pintura en sí. En el arte parietal los grandes herbívoros, como los bisontes, son bastante comunes, mientras que los felinos se observan en menor cantidad. Sin embargo, una escena de caza tal como fue representada en El Panel de los Leones, localizado al final de la caverna, es única en el arte Paleolítico. Podemos observar, a la derecha, a una manada de leones que persigue a un grupo de bisontes, a la izquierda. Me parece interesante que los leones parecen moverse de derecha a izquierda en dos líneas paralelas (para trazarlas, observen la posición de las cabezas en el panel y la dirección de sus miradas), mientras que los bisontes… están todos amontonados. Los leones tienen sus mandíbulas tensas y las miradas fijas en sus presas, y los bisontes no pueden hacer más que intentar escapar a toda velocidad (Algo similar sucede cuando mis gatos me escuchan abrir una lata de atún y la que entra en modo bisonte soy yo).

Aunque no aparece el cuerpo completo de los animales, es notable el realismo que lograron los artistas con esta pintura. Por realismo, en este caso, me refiero a representar la naturaleza por medio de la imitación. Las figuras muestran detalles anatómicos muy precisos, como las mandíbulas de los leones o los cuernos de los bisontes. Además, los artistas utilizaron varias técnicas para crear la sensación de volumen y profundidad. Entre ellas, se puede observar que, antes de dibujar a los animales, los artistas realizaron un raspado de la roca, dejando la superficie con varias tonalidades. Esto no solo regulariza y prepara el soporte de la obra, sino que ayuda a que los animales “surjan” del fondo, y a que el dibujo sea mucho más claro. Por otro lado, podemos ver que algunos trazos son mucho más fuertes que otros, y que los artistas llegaron incluso a difuminar el pigmento, oscureciendo algunas zonas; una técnica ideal para lograr volumen en una obra.

Aquí podemos ver, en blanco, el raspado previo que realizaron sobre la roca.
Aquí podemos ver la difuminación del pigmento. Noten cómo las zonas más claras se encuentran alrededor del ojo y de la nariz del bisonte.

Una manera de representar el movimiento en una pintura es por medio de la repetición. En este caso, vemos las cabezas de los leones una tras otra. Puede que no veamos su cuerpo completo, con sus cuatro patas y colitas al aire, pero el hecho de ver una repetición de cabezas en una misma línea, junto con la tensión en sus rostros y sus cuellos extendidos, nos da la impresión de que los felinos no están quietos, sino que se están desplazando.

Sin embargo, hay una excepción a todo este movimiento, y es mi parte favorita del panel. Si ponemos mucha atención, en el centro de la obra hay un cachorro de león de frente a su mamá, nariz con nariz. Ninguno de los dos parece estar interesado en la caza, estando muy ocupados el uno con el otro: la leona le está dando la espalda a los bisontes, el cachorro tiene los ojos cerrados. El cachorro tiene una expresión plácida y dócil, y los trazos que lo conforman son muy suaves, comparado con los leones más grandes. Qué curioso, ¿no? Un momento tan tranquilo en el centro del vigor de la caza.

La leona (izquierda) y el cachorro (derecha).

No podría decir que los artistas quisieron representar una escena de amor maternal pues, aunque hay muchas teorías sobre el arte parietal (de las que me encantaría hablar en otra ocasión), no hay manera de saber exactamente lo que pensaban o cuál era su intención o motivación con esta o con cualquier pintura. Lo que no me parece muy arriesgado afirmar es que los artistas representaron aquello que los rodeaba con base en cuidadosas observaciones, tomando en cuenta todas las características que conformaban al animal, desde sus métodos de caza hasta sus estructuras sociales.  

La razón por la que elegí esta pintura, por la que me estremece tanto, es que me parece un grito desde las profundidades. Creo que cuando alguien hace una obra de arte, cualquier obra de arte, con cualquier intención, está diciendo: “soy persona, estoy aquí”. En este caso, los artistas del Paleolítico no solo se afirmaron a sí mismos como sujetos, sino que trabajaron en un soporte (casi) atemporal. Los animales que ellos pintaron nacieron de la roca, surgieron de la roca que trabajaron previamente, iluminando, tocando, raspando. Es como si quisieran decir que la idea del animal ya estaba ahí en potencia, en la oscuridad, y ellos solo la hicieron visible, con el fuego, con sus trazos.


Si quieren hacer una visita virtual de la cueva, lo pueden hacer en esta página: https://archeologie.culture.fr/chauvet/en/virtual-visit

Todas las imágenes las conseguí en ese sitio; recomiendo muchísimo que lo visiten.

Si les interesa el arte prehistórico, así como la relación entre estética y evolución, recomiendo el libro The artful species (2012), por Stephen Davies.

[1] Cultura auriñaciense: El período auriñaciense se extiende desde los 43.000 a los 35.000 años AP. Los auriñacienses eran Homo sapiens, hombres anatómicamente modernos. Utilizaron herramientas como raspadores y hojas de cuchillas y además hicieron adornos personales e instrumentos musicales.


9 comentarios sobre “El Panel de los Leones

  1. Tu reflexión final me parece muy interesante y me recuerda al prefacio de «El retrato de Dorian Gray» en donde puso «Revelar el arte y ocultar al artista es la finalidad del arte. » Ese artista anónimo nos dejó una obra para la eternidad, pero nunca sabremos que pensó, que sintió, que quería representar con la escena de la madre y el cachorro, ese artista permanecerá oculto por siempre. Que gran trabajo.

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    1. ¡Gracias! Las obras con autores desconocidos me parecen muy interesantes, sobre todo si fue a propósito que el artista quedara oculto u olvidado. Como dices, nunca sabremos lo que pensaban los artistas así que no sabremos si fue a propósito, pero es fascinante ver cómo sobreviven sus ideas aun sin estar atadas a una persona en específico.

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  2. Hola Sofía, me parece muy interesante tu texto. Jamás había escuchado sobre ésta obra y me pareció tan genial que ahora tengo mil preguntas: ¿Por qué lo pitaban en cuevas? ¿Para su preservación?; ¿Qué dimensiones es la obra, 1.5x1m, 3×1.5m, 5x3m? Cualquiera sea la respuesta me parece sinceramente ¡increíble!; ¿Se sabe si era un grupo de artistas trabajando en esta obra o si una sola persona lo hizo todo (en cuyo caso ¡Extra wow!)?; ¿Se sabe qué utilizaban cómo pintura? ¿Cómo preservan los expertos este tipo de arte? No busco que tú respondas todas esas preguntas, solo comparto la curiosidad que tú texto despertó en mi. Muchas gracias 🙂

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    1. ¡Hola! ¡Gracias por tus preguntas!

      Para comenzar con lo más fácil, te digo un poco sobre los materiales y la conservación. Para pintar, los artistas prehistóricos utilizaban sobre todo carbón vegetal o hueso, arcillas y óxidos de hierro y manganeso. Para aplicar el pigmento emplearon los dedos y manos, unos tipos de pinceles y lápices, o lo espolvoreaban directamente sobre la roca humedecida. Se cree que una sola persona pudo haber hecho varias pinturas (se estudiaron los trazos, el ángulo y la altura en la que fueron hechos, la datación, si era diestro o zurdo, etcétera), pero no todas.

      Las pinturas se conservaron en buenas condiciones durante tanto tiempo gracias al frío, la oscuridad y la humedad de la cueva, así que, para preservarlas después de haber sido descubiertas, los expertos cerraron la cueva de nuevo y prohibieron la entrada al público. Para que el público general tenga acceso a las pinturas, crearon reproducciones para exhibirlas en un museo, intentando imitar las condiciones de la cueva. Por desgracia, esto lo aprendieron de sus errores, pues varias obras de otras cavidades se perdieron debido a la presencia del público.

      La pregunta más difícil es: ¿por qué pintaban en cuevas? Es un poco como preguntar si fue primero el huevo o la gallina, pues, si lo piensas, puedes preguntar ¿fue la cueva la que inspiró las pinturas o fueron los artistas quienes buscaron la cueva? El vacío subterráneo proporciona multitud de formas naturales, y se sabe que los artistas aprovecharon casi todos los relieves para transmitir sus obras. En esta pintura tal vez no sea tan obvio, pero en algunas obras, comenzaban a pintar un animal y se quedaban “a la mitad”, pues una protuberancia en la cueva lo terminaba por ellos. En algunas ocasiones, elegían una pared en la cueva que provocara el mayor impacto visual a quien pretendiera contemplar la obra, pero, en otras, las imágenes están ocultas en grietas imposibles de encontrar o en galerías tan estrechas que solo cabe una sola persona en cuclillas.

      Creo que para contestar tu pregunta de por qué pintaban en cuevas, tendríamos que contestar la pregunta de por qué pintaban. ¿Se les hacía bonito? Si la respuesta es sí, ¿por qué pintar en un lugar tan peligroso? O tal vez, ¿eran parte de un ritual o ceremonia mágica que solo podía llevarse a cabo dentro de una cueva? ¿Qué tal si las pinturas no estaban destinadas a las personas, sino a espíritus que no podemos ver? ¿Será que lo que importaba era su existencia y no su exhibición? Todas estas preguntas son parte de las teorías del arte rupestre, de las cuales hablaré en otra ocasión 😉

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  3. Tu escrito, como la pintura a ti, me dejó con muchos sentimientos al terminar. Me encanta como escribes y como piensas Sofi, ya quisiera leer la siguiente entrada, aunque sin presiones jaja.

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  4. Qué interesante, sé absolutamente nada de pintura, siempre me pareció asombroso cómo esas pinturas perduren tantos miles de años pero nunca me había puesto a observar alguna con detenimiento. Gracias por compartir este análisis, en verdad nutritivo para los neófitos como yo.

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  5. WOW!! Que maravilloso Sofi, y que linda manera de redactar, muy atrapante y amigable a la vez. ¿Hay una medida aproximada de este panel? Sinceramente increíble

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